Vicisitud
2 years ago
permalink

Gato superman - Gato en alfombra
Cuando el recuerdo proviene de un ser enrevesado, la pagina se diluye al rozar la inercia relatada, son enarbolados triángulos verdes sobre verticalidades de rojiza apariencia, los algodones del cielo dan paso al escozor matutino y se frita el pavimento. Reflejando brillos es que sesgan las ventanas a los que se desplazan sobre cuerpos motorizados, causando fosfenos de caleidoscópica apariencia; la miasma de la podredumbre y perros que desconocen un concentrado se filtra por sus poros, mientras el perfume de los pinos alegra y ralentiza los efectos de la impaciencia viajera.
Fue una visita familiar la chispa que pario las circunstancias del viaje, los acompañantes y el medio de transporte, para luego reincorporar y alimentar las condiciones del mismo. Pocos días a un claro en el bosque, parientes acomodados dispuestos a proveer bienestar, e incluso lujos, entre el amistoso rebaño. Lo anterior afirmo el consenso general de viajar ligero, ya que ¿para qué llevar kilos de sobra cuando el destino facilita lo básico y lo mundano?
Ocurrió sin sorpresas la semana prevista: incontables las relaciones formadas porque no se dio ninguna, infinitas las horas silentes en virtud del caos que no existió, pasajeras las palabras proferidas que a nadie le calaron, ni expresaron emoción. De súbito, pensaron varios al azar, lo superfluo y uniforme que fue el fallido periplo, que a falta de connotación ascética término siendo un viaje cualquiera a ningún lugar.
-12 horas antes de regresar al punto de partida trasladamos el recuento- encontramos a los unos y los otros, en hilera, de camino a la intranquila finca, cada uno con una bolsa de víveres y vicios, todo esto sin relación aparente entre acarreador y depósito temporal; los abstencionistas, fanáticos de la salud del grupo cargaban con algunos vehículos de la ebriedad, al mismo tiempo que un disoluto exasperado rebuscaba en su bolsa por una cajetilla, sin poder esperar un momento más por una calada de tabaco, pero encontrando nada más que jugosas manzanas en su recipiente asignado.
Al mismo ritmo que un infante juega al yoyo, trabajaba un cuervo, picoteando sin afán el tallo de una monumental guanábana. Pauso un momento su labor para observar 2 cosas: los peculiares ojos de un gato a la distancia y un fulgor que se dirigía directo a su ser, solo que a unos 5 metros más abajo, en esa superficie mojada, artificial, negruzca y gris que solo en excepciones se atrevía a pisar. Continuó su empeño al estar seguro que no debía alzarse en vuelo para esquivar aquella luz y el objeto dueño de esta (aunque muy seguramente los humanos que se movilizaban debajo suyo, ya debían estar tomando precauciones para evitar una catástrofe).
Quienes integraban ese núcleo familiar, compartían el espacio del pequeño beetle que iba a 70 Km y participaban activamente en un predecible juego de carretera: “Yo veo algo que empieza con una guanábana precipitándose hacia el parabrisas del ahora, tras el impacto, indomable escarabajo metálico y los gritos que escucho son de homo sapiens sapiens aceptando su muerte como inminente, entregándose a la locura girante del final…”
El implicado soltó la bolsa, que esparció su contenido por el concreto húmedo, y contemplo aterrado los ojos del gato, la ailurofobia que lo acompañaba desde tiempos pueriles se impuso a toda máquina, sin permitirle recordar que su respiración pasaría al nivel de dificultad propia de un jadeo y que sus manos se quedarían sin compañía en la ciudad del sudor. Ni los gritos de la colectividad le sacudieron el estupor y lo último que se almaceno en su memoria fue mediante sus ojos, correspondiente a un par de zapatos, rojos con dorado, que en un salto tipo palomita, se alejaban de él. No entendió la distancia ejercida por el superman, primero porque lo vio por el rabillo del ojo y en segundo lugar, por el impacto trasero del automóvil sin control, que impuso un cese de actividades en la fábrica de su cuerpo y un vuelo obligado de cabeza al pavimento.
Cada pesadilla difumina la terquedad del hombre enrevesado, son producto del caudal de gangrena mental que se cerciora de infligir alucinaciones y deseos insanos a quien ha presenciado un hecho que afecte la médula de su ser. El sufrimiento no desaparece, la historia perdura y encuentra un refuerzo si la vasija que la contiene se empeña en olvidar. ¿No extraño? Digo, ¿no dejamos de ser extraños? ¿No dejamos de olvidar?

Gato superman - Gato en alfombra

Cuando el recuerdo proviene de un ser enrevesado, la pagina se diluye al rozar la inercia relatada, son enarbolados triángulos verdes sobre verticalidades de rojiza apariencia, los algodones del cielo dan paso al escozor matutino y se frita el pavimento. Reflejando brillos es que sesgan las ventanas a los que se desplazan sobre cuerpos motorizados, causando fosfenos de caleidoscópica apariencia; la miasma de la podredumbre y perros que desconocen un concentrado se filtra por sus poros, mientras el perfume de los pinos alegra y ralentiza los efectos de la impaciencia viajera.

Fue una visita familiar la chispa que pario las circunstancias del viaje, los acompañantes y el medio de transporte, para luego reincorporar y alimentar las condiciones del mismo. Pocos días a un claro en el bosque, parientes acomodados dispuestos a proveer bienestar, e incluso lujos, entre el amistoso rebaño. Lo anterior afirmo el consenso general de viajar ligero, ya que ¿para qué llevar kilos de sobra cuando el destino facilita lo básico y lo mundano?

Ocurrió sin sorpresas la semana prevista: incontables las relaciones formadas porque no se dio ninguna, infinitas las horas silentes en virtud del caos que no existió, pasajeras las palabras proferidas que a nadie le calaron, ni expresaron emoción. De súbito, pensaron varios al azar, lo superfluo y uniforme que fue el fallido periplo, que a falta de connotación ascética término siendo un viaje cualquiera a ningún lugar.

-12 horas antes de regresar al punto de partida trasladamos el recuento- encontramos a los unos y los otros, en hilera, de camino a la intranquila finca, cada uno con una bolsa de víveres y vicios, todo esto sin relación aparente entre acarreador y depósito temporal; los abstencionistas, fanáticos de la salud del grupo cargaban con algunos vehículos de la ebriedad, al mismo tiempo que un disoluto exasperado rebuscaba en su bolsa por una cajetilla, sin poder esperar un momento más por una calada de tabaco, pero encontrando nada más que jugosas manzanas en su recipiente asignado.

Al mismo ritmo que un infante juega al yoyo, trabajaba un cuervo, picoteando sin afán el tallo de una monumental guanábana. Pauso un momento su labor para observar 2 cosas: los peculiares ojos de un gato a la distancia y un fulgor que se dirigía directo a su ser, solo que a unos 5 metros más abajo, en esa superficie mojada, artificial, negruzca y gris que solo en excepciones se atrevía a pisar. Continuó su empeño al estar seguro que no debía alzarse en vuelo para esquivar aquella luz y el objeto dueño de esta (aunque muy seguramente los humanos que se movilizaban debajo suyo, ya debían estar tomando precauciones para evitar una catástrofe).

Quienes integraban ese núcleo familiar, compartían el espacio del pequeño beetle que iba a 70 Km y participaban activamente en un predecible juego de carretera: “Yo veo algo que empieza con una guanábana precipitándose hacia el parabrisas del ahora, tras el impacto, indomable escarabajo metálico y los gritos que escucho son de homo sapiens sapiens aceptando su muerte como inminente, entregándose a la locura girante del final…”

El implicado soltó la bolsa, que esparció su contenido por el concreto húmedo, y contemplo aterrado los ojos del gato, la ailurofobia que lo acompañaba desde tiempos pueriles se impuso a toda máquina, sin permitirle recordar que su respiración pasaría al nivel de dificultad propia de un jadeo y que sus manos se quedarían sin compañía en la ciudad del sudor. Ni los gritos de la colectividad le sacudieron el estupor y lo último que se almaceno en su memoria fue mediante sus ojos, correspondiente a un par de zapatos, rojos con dorado, que en un salto tipo palomita, se alejaban de él. No entendió la distancia ejercida por el superman, primero porque lo vio por el rabillo del ojo y en segundo lugar, por el impacto trasero del automóvil sin control, que impuso un cese de actividades en la fábrica de su cuerpo y un vuelo obligado de cabeza al pavimento.

Cada pesadilla difumina la terquedad del hombre enrevesado, son producto del caudal de gangrena mental que se cerciora de infligir alucinaciones y deseos insanos a quien ha presenciado un hecho que afecte la médula de su ser. El sufrimiento no desaparece, la historia perdura y encuentra un refuerzo si la vasija que la contiene se empeña en olvidar. ¿No extraño? Digo, ¿no dejamos de ser extraños? ¿No dejamos de olvidar?

  1. carismbot posted this
Powered by Tumblr Designed by:Doinwork